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De Niza a Split, segundo día de viaje para el Oceanman Croacia

Segundo día de viaje, hoy nos toca partir desde Niza hasta Split. Son las 9:00 de la mañana en la ciudad de Niza. Amanece algo nublado con una buena temperatura ambiente, desde la terraza del café del Hotel Du Centre, se visualiza una parroquia, con amplios paseos a su alrededor, lugar donde los restaurantes mas cercanos colocan sus mesas. Enfrente tengo una pareja de mediana edad, creo entender que discuten sobre algún meta que están viendo en el móvil. Me siento un fisgón, pero me da igual, estoy entretenido y haciendo tiempo hasta que Horacio baje de la habitación y poder partir hacia Split. Hoy nos espera un día largo de carretera, otros 1200 kilómetros.

Pronto me canso de inmiscuirme en los asuntos de esta pareja, en la que veo que la conversación se sube de tono y ya no me gusta estar con la oreja puesta, pues, aunque no entiendo nada, si comprendo el tono de las palabras, y estas no están cargadas de amor, sino todo lo contrario.

Por un momento recuerdo que no he cogido la factura del hotel y me acerco a la recepción para indicar a la chica que si podemos hacer la factura que solicitamos la noche anterior. Muy amable la chica se pone a tramitarla con los datos que le doy y en cinco minutos cumplimos con esta tarea. Todavía Horacio sigue con sus quehaceres en el trono. Solo me queda seguir esperando en un pequeño aposento que existe al lado de la recepción, desde el que divago por el Facebook, levantando levemente la mirada para ir teniendo controlado todo lo que se mueve a mi alrededor.

Después de treinta minutos de espera, por fin asoma por la estrecha puerta del hotel el Sr. Horacio. Yo doy gracias a todos lo Dioses que conozco y sin preguntarle nada, agarro la mochila y la maleta para salir caminando por el paseo que bordea la iglesia dirección a las calles paralelas de esta, donde está aparcada la furgoneta.

Colocamos las mochilas y las maletas en lo huecos que existen, la furgoneta parece un puzle. Tenemos la sensación de que en un momento dado la abrimos y se desborda todo. El viaje ha ido encajando todos los enseres que llevamos, y aunque da la sensación de que petara por algún sitio, está, está bien ajustada.

Horacio se empeña en conducir, me argumenta que las primeras horas las hace él y que después atiende el correo y unos cuantos asuntos que debe atender sobre las 12:00. Así, con Horacio al volante partimos hacia Split.

Nuestros primeros kilómetros transitan por montaña, pero son tremendamente feos, mucho tráfico y muchos túneles. Entre túneles podemos observar por nuestra parte derecha y como fondo del paisaje el azul del mediterráneo, a la izquierda vemos grandes montañas de un verde oscuro intenso con poblaciones que parecen estar muy lejos. Recuerdo una estampa muy atractiva en el paso de unos de los puentes que pasamos a la altura de San Remo, donde todo lo que había debajo de nosotros era el vacío lleno de arboleda, un gran desfiladero que termina en el mar mediterráneo. Nuestro viaje, va dejando la visión del mar y se va adentrando por el interior de Francia e Italia, este es el paso fronterizo. Un tramo muy lento por el tráfico pesado que lleva y las continuas obras que sufre esta carretera. Nos dirigimos dirección a Milán, aunque no pasaremos por allí, un desvío previo nos hará llegar a Brescia, Verona, Venecia y así hasta la ciudad fronteriza de Trieste (Italia) con Eslovenia.

Desde Niza a Tortona se nos hizo el viaje largo, el tráfico pesado y la gran cantidad de tráfico que llevan estas autovías nos hacen ir más lento de lo previsto, al pasar Tortona decimos parar a comer, por lo que buscamos en google maps un restaurante cercano a nuestra situación actual. Nos obliga a salir de la autopista y andar unos kilómetros fuera de ella, para dar dos vueltas a una rotonda, hasta que finalmente damos con el dichoso restaurante, nada lujoso, pero con mucho espacio para aparcar. Me adentro en el restaurante y es el camarero me indica que para comer en dentro necesitamos presentar el certificado Covid-19. Saco el móvil, lo muestro y enseguida nos ofrecen una mesa en el amplio y vacío salón que disponen. Como si se tratara de nuestra casa, pedimos lo que creemos entender de pasta, pan y aceite para llenar el estómago y poder así continuar nuestro viaje, hasta el momento no habíamos tenido la oportunidad de comer comida caliente, así que la engullimos con la poca hambre que llevamos.

Desde aquí (Tortona) hasta pasada Venecia me toca conducir a mi, sobre unos 400 kilómetros, mas o menos, por una autopista repleta de tráfico pesado. Los kilómetros pasan lentamente. Al caer la tarde, vemos las primeras luces de Venecia al fondo de la autopista. Venecia la bordeamos por la parte norte y desde aquí empezamos a visualizar señales de dirección a Trieste. Aún quedan unos 70 km para llegar a esta ciudad que la recuerdo muy bien por mi viaje en bici, que hicimos en el verano del 2019.

Estos km hasta Trieste pasan rápidos. Ya en las inmediaciones de esta ciudad paramos en una gasolinera sobre las 6 de la tarde para hacer el pertinente cambio de conductor. Con la rutina ya establecida de aseo, café, visita a la tienda y un poquito de relax fuera de la furgoneta. Después de 20 minutos continuamos nuestro viaje para adentrarnos en otro país como Eslovenia. Atrás dejamos Francia e Italia, y en lo que nos queda de día, pasaremos por Eslovenia y Croacia, este nuestro destino final. También pasamos del mar mediterráneo al empezar a ver el Mar Adriático, que perfilamos dirección a Split.

Por Eslovenia es corto su paso, el paso fronterizo y la mala ostia del guardia en la caseta de la frontera es lo más destacado de este país, en el que nos adentramos con la noche. A pesar de tener un impresionante paisaje montañoso, lo que vemos es una amplia autopista en muy buenas condiciones y con muy poco tráfico.  Es Horacio quien está al frente del volante hasta antes de pasar por la frontera de Croacia. Quiere conducir un par de horas y después hacer seguimiento especial del fútbol con sus pequeñas apuestas, entre las 20:00 h y las 22:00 horas.

Dos horas que pasan muy rápidas y volvemos a cambiar de conductor, antes del paso de la frontera para Croacia, donde ya os decía que el guardia era muy simpático. En la gasolinera que hacemos el cambio nos hacemos con comida rápida, la que engullimos allí mismo en el parking, para afrontar las casi cuatro horas que nos quedan hasta Split. Después de pasar por la frontera entre Eslovenia y Croacia, no toca un transito de carretera estrecha con muchas curvas, con la suerte de coincidir con un vehículo pesado al que no podemos adelantar en ninguna ocasión. Pasamos varias poblaciones pequeñas, de montaña, lugares sin duda de cierta tranquilidad, y por cierto mucho frío, podíamos sentir el ambiente exterior dentro del habitáculo del coche. Este tramo es de máxima atención para quien conduce, pues no te permitía relajarte por lo serpenteante de la carretera y las sucesivas bajadas y subidas. Un terreno precioso para ir disfrutando de la naturaleza, en los días de sol que puedan tener por esta zona.

De nuevo accedemos a la autopista que nos llevará hasta Split, en la que durante 1 hora transito yo conduciendo. El cansancio que se nota en mi concentración. Horacio ya ha terminado sus tareas futbolísticas y con gran entusiasmo me pide que conducir. Como siempre aplicamos el ritual, gasolinera, aseo, café, pequeño descanso y continuamos viaje. En esta gasolinera nos entretiene demasiado tiempo el reinicio de sistema de gestión que tienen, para poder cobrar los cafés y el agua que nos hemos cogido.

Son casi las 23:30 de la noche y el GPS no indica que nos falta unos 180 km, aproximadamente nos marca como hora de llegada a Split sobre la 01:00. Conduces Horacio que inicia la marcha con muchas ganas y gran volumen de música, necesita motivación para no desconcentrarse al volante. Yo estoy cansado, cierro los ojos un rato para descansar, pero la música no me deja relajarme los suficiente para dormir. Horacio es silencio y música a todo volumen, además de presentar una cara sopa de sueño que me hace despertar de inmediato. Los sonidos y la imaginación de desmadra por momentos en Horacio. Me pregunta, ¿escuchas un ruido suave a intervalos que hace la furgoneta?, a lo que le respondo que yo no escucho nada anormal, y así continuamos un rato mas. El mensaje se repite en Horacio dos o tres veces más, lo que nos obliga a parar en el arcén de la autopista y revisar los bajos del vehículo por si hay alguna incidencia en las ruedas, chasis o alguna puerta mal cerrada, sabemos que la furgoneta está más que petada. Tras la revisión por mi parte y no encontrar nada que no fuera normal, me subo al vehículo y continuamos el viaje. Horacio sigue llevando cara de sopa y me repite el mismo mensaje de ruido. A lo que le digo, “Horacio no vayas pisando la línea de centro, es ese el ruido que notas, SOPAS”, y le sugiero que pare el vehículo y cambiamos de conductor que el no esta para conducir, que lleva cansancio y no es capaz de ir ni siquiera a una velocidad más o menos continua. Al final, asiente y para el vehículo para hacer el cambio, yo ya no estaba relajado, pues se notaba demasiado su cansancio.

A una hora de Split. En la madrugada del jueves, la noche se nota fría y desierta. Pocas luces en la autopista de otros vehículos y con cansancio acumulado. Muchas son las ganas de llegar y entre estas peticiones en reflexión interna se vislumbra por nuestro lado derecho las luces de una ciudad, a la que accedemos por unas amplias autopistas, en bajada desde la montaña hacia el Mar Adriático. Entramos en túneles y avenidas que nos va marcando el GPS para llevarnos al centro de Split, donde tenemos reservado un alojamiento para descansar la noche y partir al día siguiente en Ferry hasta Stari Grad.

Aparcada la furgoneta, nos dirigimos a coger la llave, según el video que nos han enviado los responsables del hotel, donde en un cajetín con código disponemos de la llave que nos permite acceder a la habitación. Un alojamiento para descansar, amplio, con calidad y muy limpio. Ducha y cama es lo que nos queda que hacer, estamos reventados ya de la posición de sentado en la furgoneta y solo queremos estirar nuestro cuerpo pesado y anquilosado de tantos kilómetros y comida basura.

Toca descansar, al día siguiente cogemos Ferry en Split dirección a la Isla de Hvar y la Ciudad de Stari Grad.