Aventura,  Mis viajes

Día 12, un ferry nos lleva de Dubrovnik hasta Bari (Italia)

Hoy nos ha tocado levantarnos más temprano de lo habitual, a las 8:00 h ya empezaron a sonar las alarmas que tiene programadas Karin, al parecer no le basta con una, lo que convierte el despertar en sonar de campanas modernizadas, pues uno esta ordenando sus últimas visitas a estas ciudades medievales en los recuerdos y al escuchar estos sonidos reiterados parece que estemos en al lado del campanario. Hasta en tres ocasiones hemos parado la alarma que nos obligada a despertar.

Adios Croacia, adios Skoda Fabia.

La noche anterior ya dejamos todos listo para hacer una partida rápida tras el desayuno. Hoy nos ha tocado despedirnos del coche que alquilamos en Zadar, con el temor de que quien lo revisara encontrara algo por lo que penalizarnos y descontar del depósito que nos cobraron una cantidad que seguro nos sería de nuestro gusto. Aunque teníamos el sitio localizado desde la tarde anterior, no pudimos confirmar que se tratase del lugar exacto para entregar el coche, y así ha sido esta misma mañana cuando hemos podido comprobar no sin sorprendernos un poco que se trataba de otro lugar, que esta dirección era la anterior para la compañía donde alquilamos, PopCar. Ahora nos toca buscar e indagar dónde se encuentra la sucursal donde entregar es Skoda Fabia que nos ha trasladado casi por toda Croacia y una parte de Montenegro.

Para asegurarnos el ferry y sacar los tickets de embarque, los primero que hemos gestionado ha sido esto. Retirar los tickets, repostar y devolver el coche era nuestra prioridad para llevar a cabo antes de las 10:00 h. Aunque programamos todo para devolver el coche, e ir con al bicis hasta el ferry, hemos tenido que cambiar el planteamiento. Ha tocado volver a quitar ruedas a las bicis, meterlas en el coche, todo empaquetado y con cuidado de no estropear nada, estaba en juego el deposito del vehículo, este no debía ser retenido. Con todo cargado de nuevo, nos dirigimos al puerto, con la indicaciones del chico del rentacar equivocado. Nos indica que es posible que lo que buscamos esté al lado de puerto, que nos acerquemos allí y volvamos a preguntar por esta franquicia de alquiler que no se llama PopCar, sino Carwizz. Dejamos el apartamento y salimos hacia el puerto con una búsqueda ciega, la consulta en maps e internet no nos proporcionan nada de pistas de donde encontrar este lugar. Desde que entramos en las inmediaciones del puerto vamos con los ojos más que abiertos, yo que voy conduciendo miro más los comercios que la propia conducción, hasta que vemos un rent-a-car, muy cerca de donde hemos sacado los tickets de embarque para el Ferry. Resulta no ser tampoco la que buscamos, aquí nos indican que está justo a tres casas a la izquierda, oculta, camuflada, que suerte encontrarla ya, nos habían indicado en el Ferry que a las 10:00 debíamos estar detrás del edificio blanco para el embarque. Todo parece que nos favorece, pienso, tras sacar las bicis y dejarlas en la acera para montar tranquilamente, también para que el chico que revisara el coche no viera como las transportábamos, con todos los sillones traseros del coche echados hacia delante, entre bolsas de basura, que no está mal, pero el miedo a que cualquier cosa sea motivo para el uso del deposito, nos hace que seamos desconfiados, previsores de situaciones a las que no queremos enfrentarnos.

Volvemos a ser cicloturistas.

Con las bicis montadas y las alforjas colocadas en sus ubicaciones, nos vamos para la zona de embarque del Ferrry. Volvemos a notar el peso de la bici con las alforjas puestas. No vamos de ciclistas, como en la última ocasión que transitamos con la bicis, ahora nos tocas subir al Ferry para estar casi 9 horas subidos en él. Cruzaremos el Adriático, para desembarcar en Bari. Por primera vez, tanto Karin como yo, subiremos a un Ferry. Estamos expectante de como será la travesía. Nos preguntamos si nos marearíamos, de hecho hemos querido comprar biodramina, aunque con el estrés de entregar el coche la hemos omitido.

Con tiempo hasta de tomar un café previo al embarque, un café que hemos pagado con la últimas Kunas que llevamos, aunque para decir verdad, nos ha faltado 0,60 kn, lo que para la camarera, algo desagradable no era problema, Karin por el contrario no pensaba lo mismo, cuando le ha pedido un euro para compensar estas 0,60 kn y que mosqueo a ha pillado, no le va esto de que se aprovechen de esta manera de los turistas, aunque no ha servido de mucho su enfado.

Como sin darnos cuenta estamos dentro del Ferry, hemos pasado el control de aduana, hemos atados las bicis en la bodega, con candados incluidos que amarran cascos, ruedas, cuadro y alforjas, vaya que si quieren cogerlas para dar una vuelta por cubierta, las tendrán que destrozar primero. Como niños vamos despistados sin saber donde caminar por la zona de carga de vehículos, buscando la puerta para subir a cubierta o no sabemos donde. Preguntamos con gestos a unos de los marineros que esta cerca de nosotros, que vigila como los vehículos se van situando en la zona de carga, este no indica que accedamos a los ascensores para subir, así lo hacemos cual juego tocamos a varios botones que nos lleva a recepción o restaurantes, vamos inspeccionando la zona donde poder ubicarnos con las mochilas, donde llevamos el ordenador y la comida. Somos de los primero que entramos en el salón del restaurante, donde pasaremos cerca de 6 horas sentados, tirados o sabe dios que mas posturas hemos intentado.

Los paseos por cubierta son varios, pues el aire del interior molesta, o la sensación de mareo sin llegar a ser mareo hace que quieras salir a tomar el aire y dar una vuelta a este Ferry. Disfrutar de las vistas es un motivo, claro está que es la primera vez que veo mar por todos lados, al menos para mi , Karin algún viaje en Catamaran ha hecho y estas vista no le sorprenderán. Ponemos el GPS para ver a que velocidad se mueve este Ferry, vemos que navegamos a 30 kilómetros por hora lo que calculamos que sobre unos 225 kilómetros es lo que separa las costas de Croacia de Italia, entre los puntos de Dubrovnik y Bari.

Son ya las 18:30 y algunos pasajeros ya empiezan a mirar por la ventanilla, parece que estamos cerca de la costa sta Italiana. La cobertura en los móviles ya nos llega, y estos empiezan a notarse por sus vibraciones. Karin duerme, de hecho ha dormido casi 4 horas, no seguidas, pero 4 horas. La despierto para decirle que ya estamos llegando, quiero salir a cubierta y observar cómo nos vamos acercando a la costa, quiero ver la maniobras de entrada al puerto y el amarre del ferry, que no es un pequeño barco. Como un niño pequeño observo todos los movimientos que realizan los marineros con los cabos de amarre, desde cubierta y desde el muelle que es asistido por otros marineros de puerto.

Bari (Italia).

Llegamos sobre la hora prevista a Bari, a eso de las 19:30h ya estamos amarrados y esperando para salir con las bicis de este Ferry. Seguimos sin Alojamiento, no nos han confirmado las reserva y a estas horas, cansados y con muchas ganas de darnos una ducha, nos sentimos como hundidos.

Paramos un momento en la salida de puerto e intentamos buscar a la desesperada un alojamiento, yo busco por hostales y Karin sigue intentando coger una habitación por airbnb, como no contesta decidimos ir en busca de un hostal que está cerca y que hemos encontrado por internet, nos acercamos pero nada, está cerrado y seguimos buscando por airbnb. De pronto Karin dice que le están escribiendo para confirmar una reserva de una habitación privada, y bingo, conseguido, confirmado, nos vamos para el sitio que está muy cerca de donde nos encontramos.

Ducha, lavadora y una cama donde estirarnos, pasar la noche y recobrar fuerzas para mañana comenzar nuestra andadura por el sur de Italia, en concreto nos vamos a Potenza, ahí haremos una ruta de Btt, visitaremos un lago y de vuelta a Potenza.

Bari y su Old Town, es maravilloso, estas ciudades con tanta historia me encantan para pasear por ellas, calles de piedra, catedral, museos, plazas, comunicadas por calles estrechas que se iluminan con una luz gélida anaranjada, y el calor del verano que saca a todos los Barineses a la calle, a sus plazas. El Castillo, una fortaleza del año 1087, no muy grande, bordeado por un foso ancho y poco profundo, ahora con césped en su fondo, antes imagino lleno de agua. La catedral de San Nicolas y la Plaza Mercantile. Calles bonitas que se unen por arcos, dejando estampas preciosas con toldos que evitan que entre el sol en el interior de las calles.

La visita al casco antiguo por la noche te hace sentir otro ambiente muy distinto al diurno, parece aunque sea un tópico que te trasladas a épocas antiguas y piensas cómo vivirías, el Yo presente, por aquellas épocas.

Una visita pausada, tranquila y sin calor, nos ha permitido disfruta de una pizza frente al castillo y un café a la izquierda del Ayuntamiento de Bari.

Sin duda lo que he visto en esta ciudad, la tercera más grande de la región de Apulia, me ha gustado bastante y la he disfrutado como un Búho, todo me llamaba la atención.

Mañana recogeremos un nuevo coche que nos llevará por un tour por el sur de Italia, visitando varios lugares, con uno de ellos de especial visita, POMPELLA.

Hasta pronto chicos!!!!