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Día 15, subimos el Vesuvio y visita a las ruinas de Pompeya.

Aunque nos hemos levantado tarde, a eso de las 9:30 no hemos dudado en salir de casa dispuestos a subir el Vesuvio.

Desayuno con los restos que nos quedan, no queremos acumular comida, pues mañana marchamos para Roma, unos 240 km nos esperan.

Dispuestos y listo para enfrentarnos a la subida del Vesuvio desde su base por la parte opuesta a Nápoles, desde Ottaviano.

Subida al Vesuvio, por Ottaviano.

Desde el apartamento hasta la base del Vesuvio por el lado de Ottaviano nos separan 15 km de coche. Queremos llegar hasta la barrera donde comienzan las primeras rampa duras de ascenso.

Llevamos dos termos de agua, la temperatura es de 32º a estas horas de la mañana, debemos dosificar mucho ese agua o lo pasaremos mal.

Con el coche no hemos podido llegar hasta donde queríamos empezar, el camino es estrecho y la maleza cierra mucho el camino, podemos rallar el coche demasiado y esto no nos interesa. Optamos por dejar el coche a 2 km de donde deberíamos empezar. Con lo puesto y una mochila que porta dos termos de agua iniciamos el ascenso hacia el cráter del Vesuvio.

Pronto empezamos a comprobar la dureza del ascenso, no solo por la pendiente que encontramos, sino que además, la tierra de color negro está suelta, los pies se clavan, hay que hacer más fuerza para impulsarnos y poder caminar. El calor hace que en menos de un km vayamos mojados, llenos de bichos que se pegan en la cara, brazos y piernas.

El lugar, que da a la perdida por lo frondoso del follaje, nos obliga a consultar el GPS en varias ocasiones, para no estar corrigiendo demasiadas veces la ruta. A nuestro paso no encontramos a nadie, apenas hemos recorrido 2 kms, ya vamos con dudas, acalorados. La motivación hace que sigamos hacia arriba y no pensemos en abandonar.

Al cabo de un rato, llegamos al punto donde teníamos previsto iniciar la ruta, vemos que por otra vía podíamos haber llegado a ese punto, pero seguimos motivados y no pensamos más en pasado, sino que nos adentramos en el parque nacional del Vesuvio. Por delante nos esperan 9 km de duro ascenso, los primeros kilómetros hasta llegar al valle del infierno, y desde la base del cráter hasta hacer cumbre son los más duros del recorrido. El paso del valle, también lo ha sido, el calor, senderos estrechos y un entorno quemado, carente de humedad, nos ha resultado duro en cada respiración de aire muy caliente.

La vegetación hasta la llegada al valle nos protegía del sol, aunque no es cómodo caminar, se podía llevar bien, buscando siempre la mejor pisada. Con la llegada al valle, todo ha cambiado, la vegetación baja, seca, nos arañaba las pantorrillas, el terreno incómodo, el aire caliente y la poca vegetación alta, estaba seca e inclinada hacia la cumbre. Un calvario que hemos tenido que llevar hasta alcanzar la ruta circular que tiene la base del cráter. A pocos metros de alcanzar la base hemos encontrado nuestro oasis, justo a la entrada de la venta de tickets para visitar el cráter. Aquí nos hemos comprado dos botellines de agua y refrescado un poco la cabeza con el agua del Kiosko que tenía montado el italiano.

Refrescados por dentro y por fuera hemos seguido hacia el cráter, a pesar de que sabíamos que sin tickets no se puede pasar, lo hemos intentando. El fracaso ha sido rotundo, nos ha tocado bajar y volver a subir, este italiano del control de ascenso ya se las conoce todas, a pesar de que me he hecho el tonto, como si la cosa no fuera conmigo, no ha sido posible.

Ya en el cráter la visión es increíble, aunque no es bonito en sí, lo cierto es que te pones en la situación de peligro con ese cráter lleno de lava, la verdad asusta y no poco. Los ríos de lava se interpretan perfectamente, son visibles por la parte que da vista a Nápoles. Recorremos todo el cráter, aquí podemos encontrar souvernirs, de todo tipo, relacionados con el Vesuvio, además de los refrescos, algo de comida y algún hueco de sombra que es lo más cotizado en esta zona.

El cráter del Vesuvio.

Es muy amplio, es inmenso, buscamos como locos algún tipo de agujero hacia el interior de la tierra, pero nada, está totalmente tapado por tierra, con unas paredes verticales, que si entras ahí, difícilmente puedes salir. Son varias las capas que marcan la paredes, de tierra, de roca blanquecina y de roca negra quemada. Alguna vegetación se puede observar en el interior y muchos sistemas para medir no se muy bien qué, imagino que los movimientos sísmicos.

Nos es bonito, pero tiene su cosa estar presente en este lugar, desde aquí intentamos fijar la situación de pompeya, pero no es posible localizarla, también desde este punto es increible lo cerca que está el puerto, el mediterraneo. La vista de Nápoles es muy llamativa, la extensión que ocupa es bastante grande.

Desde Nápoles salen viajes programados con visitas al cráter y las ruinas de Pompeya, realmente caros, nosotros lo hemos hecho por una quinta parte de lo que han gastado algunos de los muchos visitantes que hemos visto, claro está , hemos pagado con esfuerzo y hemos visto lugares que ellos no han llegado ni a oler.

Eran las 14:15 cuando hemos comenzado el descenso, por el mismo track que hemos subido, nos ha llevado casi las dos horas, por las 3:00 que hemos tardado en subir. Descender por estos senderos con tanta tierra negra suelta no ha sido fácil, ni limpio, hemos llegado a casa tiznados.

A las 16:30h estamos en casa, una ducha relajánte, dos tragos de agua y dos melocotones para salir corriendo hacia las ruinas de Pompeya. A las 18:00h es el último pase para entrar y poder ver la Pompeya, esencia del antiguo imperio Romano.

Ruinas de Pompeya.

Entramos cansados, con poco tiempo para ver todo y escuchar las audio-guías que hemos cogido con la entrada. Planificamos un poco la visita, son dos las calles principales que recorren la cuidad. Desde la entrada por la parte opuesta al anfiteatro, recorremos las calles que pasan por el foro, las termas y las muchas casas de políticos, fruteros, thermopolis (casas de comida caliente), y demás ciudadanos de la antigua Pompeya. El audio nos da indicaciones de que es cada uno de los departamentos que vamos transitando. El lugar es impresionante, las dudas surgen por miles de cómo vivían por aquella época, y cómo pasaron aquella lluvia de fuego que les venía del Vesuvio.

Se necesita más tiempo para descubrir cada rincón e ir asociando a cada personalidad de las que nos habla la audio-guía, pero no quiero salir sin hacer la Visita al anfiteatro de Pompeya, uno de los que se conserva más intactos de los existentes, son muchos los años que han pasado por estas tierras, por estos arcos y gradas que hoy vislumbro.

Me refugio en una frase que alguna vez he leído y que dice “Nunca vuelve el viajero, cuando uno viaja cambia”.

Mañana partimos hacia roma, final de nuestro viaje, intenso, intenso y gratificante. Ya no seré el mismo.

Arrivederci!!!