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Paris…

Un viaje a Paris…

Ya se ha convertido en una rutina el viajar a otro destino fuera de las fronteras españolas. Aunque la idea principal era ir a Tailandia. Las circunstancias son las que mandan. Nora, ya marca sus condiciones aún no estando de cuerpo presente.

Después de un mes intenso en la empresa de organizar todo lo relativo al evento CBBR 2020, se necesita desconectar o al menos intentarlo. No fijarse horarios, salvo los estrictos para conseguir llegar a donde pretendes y volver. Un tiempo para la pereza, para hacer lo que te venga en gana, sin que importe nada, sin barreras, sin presión, sin horarios.

Lunes y martes los dedicó a montar en bici de carretera, a estar en casa, solo, no apetece hablar con nadie, sumergido en un mundo de recuerdos borrosos por los últimos acontecimientos, un vaivén de imágenes y emociones.

Nos vamos de escapada a Paris. A salir del entorno, a conocer una ciudad emblemática, histórica. Ya es miércoles y nos encontramos en el aeropuerto, con mochila en mano y cortos de equipaje los tres, a partir de ahora aunque no se vea la cuenta da tres. Un avión de Ryanair nos lleva hasta cerca de Paris, un aeropuerto casi privado de esta compañía, a unos cien kilómetros de la capital de Francia. Subimos al avión con calor y nos bajamos con frío notable. Frío que se mantendrá durante lo que queda de semana, en nuestra estancia en Paris. Llegamos miércoles por la noche a hotel Ibis al sureste de Paris, lejos de la zona centro.

Martes: Pisando suelo Parisino.

Después de un viaje en autobús desde el aeropuerto hasta La plaza de la Porte Maillot al sur de Paris, toca buscar mas transporte, consultamos el mapa en Google Maps y seguimos estando lejos de nuestro destino, así que nos queda encontrar el medio más económico para llegar a descansar, y este es el metro. Mientras Karin se sitúa y se aclara de dónde estamos y que línea coger, aprovecho para leer un pequeño capitulo de la novela policiaca que me he traído “LOBA NEGRA”.

En el metro, estamos a una hora de llegar al hotel, seguimos estudiando el mapa de líneas que transcurren por Paris, mientras nos vamos acercando a nuestro destino. Desde nuestra llegada a Paris tengo la sensación que todo es gris y frío, más debajo de la ciudad. Ya llegamos, por fin entramos en el hotel. Buscamos la recepción por todos los bajos posibles, hasta que comprobamos que es un señor que está a la entrada del mismo. Nos ha costado reconocer a este, parece más un huésped que un recepcionista. Con la habitación asignada, dejamos el poco equipaje que llevamos y salimos a la fría Paris, en busca de un recoveco donde apaciguar el hambre que traemos y de vuelta rápidamente a descansar. Estamos agotados de tanto meneo.

Nuestra estancia en Paris serán de dos días, jueves y viernes. Miércoles y sábado están destinado a la llegada y vuelta, por lo que estos días son de esperas y desesperaciones en las salas de espera de autobuses y aeropuertos.

Miércoles: 25 km por Paris.

La pereza es notable al despertar, sensaciones de cansancio inundan mi cuerpo. Hemos dormido bastante más de 8 horas, cosa que nos es habitual en mí. El desayuno esta incluido en el hotel, hasta las diez, por lo que nos queda algo menos de una hora para asearnos, vestirnos y bajar a engullir todo lo que deseemos. Ya abajo, nos llevamos la primera sorpresa del día, sabíamos que era buffet, pero nos lo imaginamos distinto. El caso es que no abundaba la variedad, cosa que con el paso de los días agradecemos. Un desayuno concreto y suficiente para salir a patear las calles de Paris.

La Tour Eiffel.

Nuestro primer destino, como no podía ser de otra forma, era la Tour Eiffel. Aunque esta catalogada como el monumento mas inútil que se ha construido, es si cabe el que mas nos llama la atención por sus dimensiones. Recorremos su base desde el lado sur hasta el norte, donde se encuentra la entrada principal para el acceso a la torre. Pasamos el control de seguridad y compramos los tickets que nos permiten subir hasta la segunda planta, la cúpula esta cerrada a visitas por mantenimiento.

Antes de subir paseamos por su base, por el interior. Miramos con expectación las dimensiones de esta espectacular torre. Situados en la base, en el centro de la torre nos hacemos algunas fotos para dejar plasmado lo alta que es, la amplitud de su base y lo pequeños que nos sentimos en su interior.

Con los tickets en mano, Karin no paga por estar en la edad de estudiante, nos dirigimos al ascensor que nos subirá directamente a la segunda planta de la torre. Una subida vertiginosa que nos da para recordar el impacto que nos provoca el ascenso desde las cristaleras del elevador, observando cómo nos alejamos del suelo firme y vamos alcanzando cierta altura para poner en entre dicho a nuestro vértigo. Ya en la segunda planta, salimos y recorremos la terraza que transcurre en torno a la torre, visionando todo Paris desde una altura considerable, disfrutando de unas vistas únicas de la ciudad. En su interior, se puede hacer compras de recuerdos de la torre, tomar un café y pasar un rato charlando en varias de las cafeterías que dispone. Desde esta planta, que esta situada a la mitad de la torre, se observa todo muy bien, imagino que en la cúpula las sensaciones cambien, sintiendo más respeto o miedo por la altura a la que se encuentra. Tras un paseo por esta planta, no exento de postureo fotográfico por todos los visitantes a la torre, decidimos bajar al piso inferior. Un balcón que une las cuatro patas de grandes dimensiones que sustentan la torre. Un pasillo que bordea y permite jugar con suelos acristalamos que recrean la sensación de caminar por el aire, engañando a nuestro cerebro, creando la sensación de que caeremos al vacío al no ver piso firme en una proximidad coherente, a la longitud de nuestro pie.

Desde esta estancia de la torre decidimos bajar por las escaleras de la parte norte. Entre muchas toneladas de hierro, vamos descendiendo observando como esta construida, la cantidad de tirantes y de vigas que se tejen entre si, para mi sin orden lógico, pero que seguro son de vital importancia para la torre, para su sustentación, por los muchos años que lleva ahí.

De nuestra visita a la torre, solo nos queda ver la iluminación de la que tanto relatan los documentos que hemos ido leyendo en los paneles expuestos en sus balconadas. Será a la noche cuando pasemos de vuelta por esta zona y poder ver los contraste de sus luces.

Arco del triunfo, a los pies de los Campos Elíseos.

Salimos de la Tour Eiffel, dirección al Arco del Triunfo. Lo que creemos que en plano esta cerca, lentamente comprobamos que se necesita una gran caminata para ir llegando los sitios. Paris no es un ciudad de rascacielos, son grandes avenidas y callejuelas estrechas que se conjugan con cierto encanto. Es una ciudad muy turística, esta masificada, caminar no se hace fácil sin entrar en las hileras humanas que transitan de un sitio para otro. El Arco del Triunfo se encuentra en el centro de una rotonda, bordeada por un trafico terrible que impide poder acercarse a su base para disfrutar de esta mole de piedra. Aquellos que se arriesgan a cruzar, lo hacen sorteando los coches y asumiendo riesgos innecesarios para obtener alguna instantánea inútil para el peligro que asumen. Nosotros nos conformamos con plantar nuestro palo selfie con formato trípode, botón de disparo bluetooth, fiel sustituto del chino que tanto busca Karin, lanzamos algunas fotos, juntos y por separado con el Arco del Triunfo como fondo.

 

Desde el Arco del Triunfo, vamos caminando por la avenida de los Campos Eliseos. Ya es hora de comer y vamos buscando algo que nos permita descansar los pies, tomar algo de energía. Entre tanta opción encontramos una pizzería italiana que nos llama la atención. Consultamos los precios y nos convence para entrar y degustar unos platos de pasta a la boloñesa, una copa de vino blanco y un café. Desde la segunda planta de este restaurante observamos como se mueve la gente en la calle, un trasiego de personas, coches, motos. Un hormiguero que no para, me recuerda mucho a Madrid. Paris y Madrid se parecen mucho, siendo Paris a mí parecer, algo más grande y masificado.

Ya repuestos, descansados, seguimos nuestro particular itinerario, son algo mas de la 15 pm en nuestros relojes, pretendemos recorrer una amplia zona de Paris. Seguimos por la Avenida de los Campos Eliseos que nos lleva hasta la Plaza de la Concordia, lugar desde donde podemos observar el museo del Louvre. Dejando el Louvre a nuestra derecha, caminamos mas al norte de Paris, visitamos de la Iglesia de la Madelaine. En su interior visitamos los altares que se encuentra a los lados. Particularmente, no me gusta la iglesia, pero he de decir que me atrae mucho conocer o ver todo lo relativo a este mundo que juega y ha jugado con los humanos desde siempre. Es mas que impresionante ver como esta historia ha servido para controlar de forma masiva a las poblaciones, donde el miedo a los desconocido, adornado por unos cuantos sirve para controla y en canalizar a las masas. Tras la visita fugaz a la Iglesia de la Madelaine,  nos dirigimos más al norte, vamos en busca de la estación denominada Gare Paris-Saint Lazare, la segunda estación de Francia y las tercera de Europa con mas pasajeros. Aunque no entramos, si podemos observar las dimensiones y las personas que entran y salen de sus puerta principal. 

 

Caminando, sin pausa pero sin prisa, nos acercamos a otra iglesia, destacada en la novela del Código da Vinci,  La iglesia de Sainte-Trinité, una visita por sus alrededores, una construcción de grandes dimensiones que no dejan de sorprenderme, aunque no entramos en su interior por falta de tiempo y cansancio, pues nos toca volver hacia el sur de Paris. De camino de regreso, pasamos por la Opera, otro edificio destacado de Paris, visitamos las Galleries Lafayette, donde entramos a por una de sus puertas custodiadas por seguratas hasta el hall donde confluyen varias escaleras que dan acceso a las distintas plantas. Visita corta a estas galerías, donde sin duda debes de tener un buen bolsillo para poder atreverte a comprar algo de los expuestos en sus galerías. 

Nuestra siguiente visita pasa por localizar Moulin Rouge, el molino rojo, donde el cabaret, y otros espectáculos se pueden disfrutar en tu estancia en Paris, claro esta si tu bolsillo se lo puede permitir, cosa que no es nuestro caso. Por el momento nos basta con fotografiarnos teniendo a este molino rojo de fondo de nuestro selfie. Después de esta visita a Moulin Rouge, nos dirigimos hacia la Tour Effiel para visionar su iluminación desde los puentes que cruzan el Rio Sena. De paso, y cruzando el Rio Sena, vamos observando los distintos edificios que encontramos en la ruta. Ya es de noche en Paris y la iluminación te cambia la visión de los edificios y plazas que vamos transitando. La ciudad se vuelve más enigmática, más expectante. El bullicio de la gente paseando, transitando de un lugar a otro, las terrazas llenas de comensales, unos tomando café, otros engullendo algún menú, todos fumando, es impresionante la cantidad de personas que si observas con detenimiento, pueden estar fumando. La ciudad de Paris toma otro color con la noche, no parece que duerma, la veo más viva, mas radiante. 

La Tour Effiel iluminada.

Llegamos de nuevo a la zona de la Tour Eiffel, es espectacular, desde la distancia ya se vislumbra única. Alcanzada la base puedes observar su grandeza, es bonita, es merecedora de ser fotografiada, símbolo inequívoco de la ciudad de Paris, aun siendo un monumento inútil. Después de visitar la Tour Eiffel iluminada y hacemos las respectivas fotografías, nos vamos a tomar algo a unos de los muchos locales que encontramos en los alrededores De la Torre. Un tazón de queso de fondue es el deseo de Karin, para mí con una ensalada y poco más me basta, así que elegimos uno que nos pilla de paso entre la torre y la parada de metro que nos devuelve a la zona del hotel Ibis donde estamos alojados.
Con un ambiente agradable, distendido, muy parisino, descansamos un rato nuestros pies. A estas alturas del día ya llevamos casi 25 km pateados por el centro de Paris y se nota en el ánimo.
De vuelta al hotel pasamos un rato observando, sentados en los sillones incómodos del metro, a todos los transeúntes que entran y salen de los vagones. Nos miramos y cuchicheamos con cierta complicidad, presos del cansancio del día.
La llegada al hotel es a través de la estación de la Porte de Ivry, donde bajamos para salir a la avenida que nos lleva directamente al Hotel. Un descanso merecido tras un larga jornada de visitas y pateo parisino.

Jueves: Museo del Louvre y Notre Dame, nos esperan.


La jornada del jueves se presume más tranquila. Ya sabemos de las distancias que se recorre entre los elementos destacados de Paris. Para llegar a todos los sitios destacados de Paris caminando, se necesita mas que buenas piernas. Para este día solo tenemos previsto visitar el Museo del Louvre y por la tarde un tour free de leyendas negras de Paris.


Museo del Louvre.

Como casi todo en Paris es de dimensiones gigantes, grandes extensiones, los edificios,no muy altos, es una peculiaridad de los edificios emblemáticos de Paris. Al Museo del Louvre entramos a través de unas escaleras mecánicas, tras pasar el control de seguridad desde la plaza donde podemos ver la Pirámide de cristal. Ya en el interior se abre un gran hall que da acceso a las galerías. En este punto central compramos la entrada y cogemos una audio guía que nos permite ir conociendo cosas interesantes de lo expuesto en este museo. Como artes destacadas hay varias, La Venus del Nilo, y la Gioconda, son las que más nos han llamado la atención, si he de quedarme con una, elijo La Venus del Nilo, pues la Gioconda, como que la llevaba magnificada, quizás en tamaño, más que en lo que refleja y cómo está pintada. La audio guía pone algo de luz en el conocimiento de estas obras de arte. El resto del museo, es impresionante. El edificios es reconvertido de un fuerte, que servia de defensa para la ciudad a museo. Este, almacena tal cantidad de obras de arte que a pesar de ser tan inmenso, solo expone un 10% de lo que atesora. Transitar por el museo nos lleva al cansancio, nos perdemos, el audio guía no nos guía bien, o nosotros no lo entendemos del todo. Caminamos sin sentido de un lado para otro, pasando de una sala a otra, deambulando y observando sin más detenimiento los que nos vamos encontrando en el paso. Después de dos horas, llega el momento de abandonar el museo, ya casi es la hora de comer y salimos para buscar algún sitio idílico donde degustar algo típico de la Galia. Caminamos por calles estrechas, cerradas en busca no sabemos bien qué tipo de restaurante, queremos que sea algo típico, aunque no sabemos bien qué buscamos. Cansados, optamos por entrar en unos de los muchos que hemos ido viendo. En el encontramos algo, no sé muy bien qué, pero ha sido suficiente para decidirnos a entrar, quizás haya sido el cansancio de la búsqueda, o el hambre que llevábamos.

Con la barriga llena, de una sopa de cebolla y bastante pan, salimos para seguir una ruta no descrita, por los aledaños de la Catedral de Notre Dame, callejeando en busca de un café o un crepes de nutela, petición expresa del Karin. Hasta aquí llegamos, a un rinconcito donde se puede ver bastante gente y tiene oferta de crepes de todo tipo. Tras la espera de turno, es momento de pedir este crepes de nutela que Karin saborea con gusto. Un bocado probé, no me apetecía mucho más.

La oscuridad ya se nota en Paris a estas horas, aunque no recuerdo bien la hora, es patente que la noche se esta echando encima, con ello la hora de nuestro tour free de «Leyendas negras de Paris». El frio, aunque no es muy intenso, también se esta dejando notar. Es hora de ir acercándonos al punto de encuentro de este tour free, donde buscar un lugar para refugiarse del frio y poder disfrutar de un café que si me apetece tomar a mí.

Leyendas negras de Paris.

A la hora marcada nos encontramos en el punto de encuentro donde comienza el tour, nos presentamos, charlamos con la guía, con el resto de la personas que asistirán al tour en español y con la temática de «Historias y Leyendas negras de Paris». La guía nos explica cómo vamos a movernos, los lugares que visitaremos y el tiempo que dura este tour. Una chica argentina, muy simpática, con expresión agradable, y una bonita forma de contar la historias que sucedieron y sus leyendas. Dos horas transitando entre la Catedral de Notre Dame, el Barrio Latino, La Conserllerie, Plaza de la concordia, entre otras y el Hotel la Ville (antiguamente el ayuntamiento de Paris), donde acaba el tour con una foto del grupo y muertos de frio, aunque ha merecido la pena escuchar todas la historias que nos ha contado, algunas de ellas bastante sangrientas y macabras. Acabado el tour nos vamos para el barrio latino a cenar en una crepería y de vuelta al hotel para recuperar temperatura pues estamos bastante helados de frio.

Viernes: Nos vamos para Versalles.

Ya estamos a viernes, la noches pasan rápidas gracias al cansancio que acumulamos de esto días de trote cansino de ir de un lado para otro. Hoy nos hemos despertados con la idea de visitar Versalles y poco más. Paso por el desayuno del Hotel Ibis, mas de los mismo de ayer y antes de ayer.

Para ir a Versalles nos tenemos que desplazar hasta la zona de la Tour Eiffel, allí encontramos los trenes de cercanías que no llevan en 45′ hasta Versalles para visitar el Palacio de retiro de la monarquía. Un trayecto que nos da para dormitar o leer algunos capítulos de «Loba Negra». Karin aprovecha para dormir más tiempo, su estado le produce sueño y no desperdicia la ocasión y el sonsonete de estos trenes.

A la llegada a Versalles, fin del trayecto de la linea que no ha traído, salimos fuera de la estación y nos dirigimos hacia el palacio de Versalles, grandes espacios naturales los que podemos contemplar de la antigua capital de Francia. Tras unos pocos metros podemos encontrar al fondo, según caminamos el palacio de Versales. Las imágenes que muestran la grandeza de este lugar, marcan tres grandes avenidas, con una central por donde transitamos nosotros en dirección a la entrada principal del Palacio. El color dorado es el color que destaca sobre los colores rojos de la fachada y el negro de los techos de sus construcciones, abanderados por los verdes jardines que rodean al palacio. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un valla da acceso al interior del recinto del palacio, que se encuentra en la media meseta de esta colina donde esta edificado el palacio. Una cola poco amplia nos espera para acceder al interior del palacio, previo pago de la entrada que solo pago yo. Ya en el interior del Palacio, la visita con los audio guías nos llevan por las principales salas que ocupaban la corte de los distintos reyes que por allí pasaron. Un recorrido entretenido, que tiene su mayor atención al entrar en el salón de los espejos, donde la luz, la vista desde este salón se puede contemplar los jardines de la parte de atrás de este palacio. La visita que transcurre en una horas aproximadamente, lleva consigo un paseo por los jardines, un paseo libre por toda su extensión y que Karin y yo lo limitamos a las cercanías del palacio principal.

Tras la visita al palacio, regresamos a Paris, el mismo trayecto a la inversa que aprovechamos para dormir, al menos cerrar lo ojos. Ya en Paris, nos dirigimos a la zona del Barrio Latino en busca de un lugar de comida que nos agrade en este famoso barrio de estudiantes. Muchos restaurantes con ofertas en la calle y el personal invitándote a entrar. Finalmente optamos por uno con formato taberna, con aspecto antiguo dónde podemos comer una lasaña. Comidos y algo cansados no pensamos más que llegar al hotel para echarnos una siesta recuperadora. Así lo hacemos, nos vamos en metro hasta el Hotel Ibis para descansar lo que sea necesario, sin horario de despierta.

Despertamos de la siesta. Ya es de noche en Paris, pero nos apetece tomar un café en los aledaños del hotel. Un ducha reparadora y salimos a pasear por los aledaños del hotel en busca de un café tranquilo, para después ir al supermercado y agenciarnos algo para la cena. Paseamos por varias avenidas y calles de la zona sin más pretensión que dar una vuelta en modo relax, volviendo pronto al hotel para descansar.

Sábado: Regreso a Alicante.

Hoy es nuestro último día en Paris. Nos hemos levantado justo para ir al desayuno. Son casi las diez de la mañana, por lo que bajamos rapidamente para desayunar. A diferencia de otros días, hoy hemos cambiado el lugar de desayuno, hemos escogido otro lugar para desayunar, hemos roto la rutina de los ocupar siempre el mismo lugar. 

Tras el desayuno vuelta a la habitación. El desayuno lo hemos hecho en ropa de deportes, ya estamos preparados para salir a correr, un paso fugaz por el aseo y estamos listos para hacer una carrerita por Paris. La idea es correr unos 45′, al ritmo tranquilo. Aunque son las diez y media de la mañana hace algo de fresco hoy en Paris, la humedad de rio se nota, o al menos eso creo yo. El recorrido que hacemos nos lleva un poco a la aventura, sobre los mapas que hemos estado viendo, queremos llegar a una zona de parque, donde se encuentra un zoo. Empezamos la carrera dirigiéndonos sobre esa zona, con el avance la misma vamos comprobando que nos queda lejos, por lo que vamos improvisando según la marcha e intentando dar una vuelta mas o menos coherente según el tiempo que disponemos. Al final damos una vuelta por los márgenes del rio Sena, cerca de un polígono industrial, cerca de un carrefour, cruzando el rio en ambos sentidos, hasta llegar a hotel transitando por las levantadas calles y sorteando a personas y perros que transitan por la zona.

Ya en el hotel, toca recoger la poca maleta que llevamos, ducha y comenzar el regreso hacia Alicante. Tengo la sensación de que ha pasado todo muy rápido, pues me veo de nuevo arrastrando la maleta por los andenes del metro, subiendo y bajando los incomodos escalones. Tenemos que desplazarnos hasta la Porte Maillot de nuevo para coger un autobús que nos lleve hasta el aeropuerto. Nos queda mucho tiempo, y decidimos recorrer el palacio de congresos que se encuentra al lado de la estación, comer por esta zona, tomar un café y esperar a que la hora de salida llegue para desplazarnos al aeropuerto.

Hoy el día esta nublado, apunta a que lloverá en cualquier momento. Entre tanto vamos buscando una pizzeria donde comer e ir haciendo tiempo, hasta la seis de la tarde no sale el transporte hacia el aeropuerto. Dedicamos un tiempo a buscar el lugar que nos convenza para comer. Damos vueltas alrededor del Palacio de Congresos, incluso buscamos en su interior. Al fin parece que encontramos uno de los que hemos transitado previamente y que nos convence para entrar con todos los bartules para comer y pasar un rato cómodo, charlando.

Hacemos un comida distendida sin prisas, hablamos de nuestra Nora, que ya da para conversaciones y de otras cosas, no tenemos prisa por salir. Despues e un buen rato decidimos llamar al camarero para que nos traiga la cuenta si quiere, pues pensamos en ir a dar alguna vuelta por la zona en busca de otro rinconcito para tomar el respectivo café. Con la bartules a otro sitio, no muy lejos, pronton encontramos otro lugar, formato cafeteria donde poder engullir algo mas y tomar un café. Entramos, pensando en como pedir lo que queriamos, en frances o en ingles, nos da igual. La cosa era bastante simple, pero nos llevamos la sorpresa del siglo, pues sin decir ni media, no dice la dependienta con voz firme y en un español mejor que el nuestro, «Como os puedo ayudar», yo me quede perplejo, no me lo esperaba. Resulta que la chica es de Murcia, que esta terminando sus estudio de no se que en francia. Aunque su estilo de vestir me da que de Murcia, Murcia centro no es, más bien del centro de Rabat, diria yo. El caso es que nos habla en español y todo resulta más fácil de pedir. En esta pastelería pasamos otro largo rato. El tiempo hay que matarlo del alguna manera, yo aprovecho para ir completando mis relatos del Costa Blanca Bike Race, Karin consulta su móvil como de costumbre, no lo puedo firmar, pero se esta informando de como es su lenteja y todo esto del embarazo.

Llega la hora de coger el autobús y nos vamos acercando al lugar de la estación, aprovechamos los últimos paseos por el palacio de congresos y la ultimas meadas de karin, pues va al aseo cada 5′, es impresionante la poca capacidad del almacenamiento que tiene. Empieza a llover, con poca fuerza, pero lo suficiente para mojarte. No nos gusta mojarnos y aunque la estación esta cerca, nos dirigimos a ella con prisas, no por perder el transporte, sino por no mojarnos. Llegamos con bastante tiempo y vemos como un autocar se esta preparando, hay establecida un cola de acceso, pensamos que no es nuestro transporte, aun asi guardamos cola para coger los billetes y una cosa mas hecha, para estar tranquilos. Lo cierto es que es este autocar el que debemos coger. Se prepara con tiempo, aunque según los horarios aun falta bastante. Pronto se abre la cola, comenzamos a dejar la maleta e ir subiendo a los sillones no numerados, va lleno el coche. El trayecto entre Paris y el aeropuerto es de una hora mas o menos, da para una lectura y una siesta en mi caso y para una siesta completa a Karin. El viaje es con lluvia, el paisaje que voy observando por la ruta es de una mezcla de tierra marrón, prados verdes y pequeñas colinas muy frondosas. Unas vistas bonitas, comparándolas con otras zonas de España, diría que son como si estuvieras por las llanuras Alavesa. Esto es lo que veo en la mitad del viaje, el resto hasta unos momentos antes de llegar al aeropuerto, es todo negro, no recuerdo mucho más.

Ya en el aeropuerto, establecemos en unos de los restaurantes de la zona la oficina temporal. Aquí aprovecho el cien por cien de la estancia en terminar mi crónica de la Costa Blanca Bike Race. Me llega un largo rato, tengo que ir recordando hechos y situaciones para contar lo que viví lo más concreto posible. Paso un buen rato, escribiendo, relatando esta experiencia, eso sí, con un café y otras guarrerías que Karin se va encargando de traer a mis alcances. El vuelo de regreso llega a su hora, nos preparamos para la vuelta, pasamos el control, en el que me desnude casi por completo, un chequeo completo de agente, que me reviso hasta la botas que en esta ocasión no me quité y mira que me aviso Karin, como siempre no le hago caso en estas cosas. Pasado el control apenas esperamos para subir a la aeronave, vamos en sillones separados, aunque por suerte karin consigue que otra pareja se cambie y ellos vayan juntos y nosotros también. Del vuelo poco os voy a contar, la mayor parte del vuelo dormimos o llevamos los ojos cerrados. Es de noche, el vuelo tiene una duración de 2 horas y son las 22:00, si no pasa nada sobre las 23:59 estamos en Alicante y pronto en casa. El domingo tenemos previsto bajar a Orihuela en bici y de vuelta a Alicante.

Mas viajes, mas adelante, a ver si conseguimos llevar a David a algún lugar bonito para que disfrute él también.