Delta 0

Dos mil tres, es el comienzo de casi todo, lo que soy hoy

Era sábado por la tarde de un invierno mas en Jumilla, los fines de semana los dedicaba a jugar a futbito, así es como se le conoce en la jerga jumillana al juego de Futbol sala. Disputábamos un partido mas de la liga local de futbol sala de la serie A1, lo que viene a ser la liga donde los mejores equipos de futbol sala de Jumilla se disputan el campeonato local. Este partido se juagaba en la pista cubierta del Miguel Hernández, una pista algo complicada para jugar, para unos deslizaba mucho para otros no tanto, el caso es que todos teníamos alguna queja al respecto, en cuanto a la instalación, pero era una pista donde yo personalmente siempre jugaba bien, me divertida y las cosas salían casi siempre bien, es decir que ganábamos!!.

Esa tarde, como muchas otras siempre estaba 30’ antes del comienzo del partido, en esta ocasión nos enfrentábamos a la A.D. Diablos, un gran equipo de fútbol sala, lleno de compañeros y amigos, que en otros momentos habíamos compartido equipos y retos deportivos. A ellos nos enfrentamos para disputar un partido mas de liga. Llega el momento y comienza nuestro periodo de calentamiento, básicamente corretear a lo ancho de la pista, algunos esprines y sobre todo pases y tiros a portería, donde lo que buscábamos era acribillar al portero, mas que nada para que espabilara, pues esta figura en el futbol sala es de la mas importantes. Con el calentamiento hecho llega la hora de hacer el equipo inicial. Se hace el quinteto inicial con los jugadores mas activos, en mejor forma física, para que puedan sorprender y contrarrestar el inicio del partido que es cuando las fuerzas están mas igualadas. No estoy en este equipo inicial, pues mi forma física esta algo abultada, y aunque contaba con mucha experiencia y saber estar en el campo, mi estado físico no era para acometer la arrancada del encuentro. Evidentemente uno se queda algo enfadado, pues no se cuenta con el de inicio, es con el paso del tiempo, cuando uno llega a comprender que mejor así, y espera el momento para poder salir y dar lo máximo que tiene.

El partido trascurre y llega el momento de salir y dar la talla, aportar al equipo aquello que todos ven en ti y en tu juego, que es la experiencia y el saber aprovechar las debilidades del equipo contrario. Me toca, me situó y en los primero compases de mi tiempo, son carreritas y pases de apoyo, poco mas. Ya me siento caliente y es en ese momento cuando ya me atrevo a intentar algún regate, algún carrerita en vertical hacia portería, algo mas serio que puedas desbordar al rival y crear una situación de peligro que yo o mis compañeros puedan aprovechar para hacer es tan deseado gol que nos de ventaja en el marcador.

No fue así, en uno de los intentos de regate habituales que estando en cierta forma física hubieran salido a las mil maravillas, en esta ocasión salió un sentada en toda regla en el suelo de la pista. Con casi 100 kilos de peso, hacer giros sobre uno mismo lo que me dio por hacer solo me sirvió para darme cuenta de que algo pasaba en mi cuerpo, siempre me rio de esta acción y siempre digo que me regatee a mi mismo, evidentemente perder el balón y me quede sentado sin reacción alguna.

Este fue el momento donde si pensarlo decidí ponerme en forma y comenzar a trabajar mi cuerpo, aquel que tantas alegrías me ha proporcionado antes de la lesión de rodilla que tuve.
Decidí emprender unos de los deporte que hoy día sigo practicando y al que le debo muchas cosas, y el que me ha quitado también muchas otras.

Así que comencé a entrenar para preparar el duatlón Cross de Santa Pola del año 2004. Este era el reto que debía acometer.

Entrenos y mas entrenos, de 15’ o 30’, no podía correr mas, era tal la fatiga que sentía que me impedía hacer mas tiempo, en bici algo mas pero siempre en llano, pues emprendía alguna subida y claro había que poner pie a tierra.

Todo comenzó en este hecho, sentado en la pista del Miguel Hernández, mi mente cambio la disposición de mi actitud para cambiar unos hábitos y volver a los cauces del deporte y la constancia del esfuerzo, para dejar de confiar en lo que fui y vivir de la rentas.